Para empezar el año de buen rollito (veremos a ver como lo terminamos), retomamos una sección que empecé este verano y quedó abandonadilla. El caso es que seguimos con las frases trascendentales para la humanidad, y el fútbol es campo abonado para encontrarlas.
Ahí va otra:
No me importaría perder todos los partidos, siempre y cuando ganemos la Liga.
MarkViduka, ex-delantero australiano del Newcastle.
Igual es lo de nacer cabeza abajo... me recuerda al General aquel que dijo: Sobreviviremos aunque para ellos tengamos que dar la vida.
No lo puedo evitar. Cuando se acerca el invierno y empieza la temporada de nieves de alta montaña (¡OJO! no confundir con la temporada de Esquí), suelo empezar a releer mis cosas relacionadas con la montaña: guías, fotografías, notas personales (tengo la costumbre de documentar casi todo lo que hago por primera vez en montaña), libros de rutas, mapas y libros de experiencias.
Hay un texto imprescindible para cualquier buen aficionado a la montaña, y es el libro "Montañas de una vida", del alpinista italiano Walter Bonatti.
Bonatti es uno de esos brillantes deportistas de post-guerra que marca una época en lo deportivo, pero sobre todo, en la manera de afrontar la montaña con una filosofía romántica prácticamente desaparecida.
Participó en numerosas expediciones en los Alpes, Himalaya y Patagonia, siendo miembro de la mítica expedición que logra hollar por primera vez en la historia una cumbre de más de 8.000 metros (Annapurna), así como en la que conquistó el K2 en 1954. De esta última expedición extrajo una amarga experiencia que marcaría su destino como montañero y como persona, y que fue el detonante de que cambiara definitivamente su estilo de escalada, dedicándose en exclusiva a la modalidad alpina clásica, casi siempre en solitario, que le llevan a ser el primer humano en pisar la cumbre del Gasherbrum IV (7.950, osea que técnicamente un 8.000).
En 1965, tras sobrevivir a la tragedia del Pilar de Frêney en el Mont-Blanc cuatro años antes, abandona el alpinismo de alto nivel hastiado por el ambiente deshumanizado y competitivo en el que se va tornando la élite de este deporte. Antes de dedicarse definitivamente al periodismo y la fotografía, desvela aquello que tanto le marcó como persona: lo ocurrido en la noche del 30 al 31 de julio de 1954 en el campo 9 del K2 a 8.100 metros de altura. La historia completa la podéis buscar por la red. Solo anotaros que Walter Bonatti y el porteador pakistaní Mahdi, fueron los primeros seres humanos en sobrevivir a una noche a la interperie a más de 8.000 metros de altitud. Sirva como ilustración de lo que debió ser aquello que el escalador más grande de todos los tiempos, Reinhold Messner, declaró una vez que a más de 8.000 metros las condiciones son "incompatibles con la vida".
Bonatti, no solo nos viene dejando la huella de sus aventuras y algunas vías imposibles como la última que abrió en la norte del Cervino. Sobre todo nos aporta una filosofía de la vida digna de ser tenida en cuenta, observada y, al menos en mi caso, asumida como propia.
La otra noche escuché por la radio a Sebas Álvaro reproducir una frase suya y acudí presto a mi ejemplar de "Montañas de una vida" para comprobar con satisfacción que, como así fue, la tenía subrayada desde hace tiempo. Esa cita resume toda una filosofía de vida que suscribo y hago mía desde la primera a la última letra, y que me gustaría compartir con todos vosotros:
"La montaña me ha enseñado a no hacer trampas, a ser honesto conmigo mismo y con lo que hago. Afrontada de cierta manera, la montaña es una escuela indudablemente dura, a veces incluso cruel, pero sincera, lo que no siempre sucede en la vida diaria. Así pues, si traslado estos principios al mundo de los hombres, me veré considerado al instante como un tonto. Es verdaderamente díficil conciliar estas diferencias. De ahí la importancia de fortalecer el espíritu, de elegir lo que se quiere ser. Y, una vez elegida la dirección, se debe ser lo suficientemente fuerte como para no sucumbir a la tentación de tomar otra."
Soy de los miles que vivimos en el exilio del área metropolitana, y aunque se vive bien, me gustan los pueblos pequeños y su gente, no puedo evitar sentir cuando salgo a la puerta de mi casa que aquellas calles no son mías.
Por eso, desde que recibí la llamada de Manolo Vedia invitándome a participar del EVENTO, desde que vi la convocatoria en las redes sociales y blogs diversos, desde que mi amigo del alma José Carlos me hizo llegar la invitación, pensé que no era posible llegar desde Híjar hasta Santo Domingo de un salto, sin volver a sentir mis calles. Aunque lo he hecho cientos de veces, aquel 12 de diciembre no podía ser así. No hubiera sido justo con el pasado que iba a rememorar.
Así que me fui a sus calles, a sus placetas, cuestas y requiebros, y me perdí por Santa Catalina, Concepción, Castañeda y la calle Ancha, buscando los edificios viejos que aún quedan de cuando partí de allí. Busqué el diminuto colegio que fue cantera de tan grandes costaleros viejos, la tienda de Braulio, Ciclos Pepe y Casa Pinocho. Me fui hasta el portal que me vio nacer en la esquina de Maestro Alonso con San Jacinto. Toqué las barandillas de las ventanas del entresuelo en las que hice pompas con jabón, y hablé a gritos con Alfonsito Segura. Donde me asomaba a ver si mi madre venía ya de vuelta del Ayuntamiento, si el simca de mi padre llegaba al garaje Alhambra, o si mi abuelo volvía de su dominó en el Liceo con el cartucho de manises que casi nunca olvidaba traerme.
Paseé por los adoquines que dieron forma a mi infancia, y muy posiblemente a mi personalidad de adulto. Por el callejón de los Gitanos, las cuestas del Perro y del Pescado, la eterna Placeta del Lavadero... Subí la cuesta de Aixa flanqueando el Cuarto Real para buscar una última huella de las cosas que me habían forjado como persona, y la encontré en la Plaza de Santo Domingo, en medio de "los que fuimos, somos y seremos".
Si un 6 de noviembre volví como costalero al barrio que me vio meterme por vez primera bajo un faldón, poco más de un mes después, un 12 de diciembre volví como persona al barrio que me vio nacer. Le he leído a uno de mis buenos amigos, de esos a los que quererle te da la vida, que es "triste pasar por allí y no descubrirle la esencia". Yo la tengo guardada en un frasco que se llama mi barrio y que va desde la Carrera de la Virgen... hasta el infinito y más allá.
El EVENTO es conocido por todos. Habrá mil crónicas que lo contaran mucho mejor que yo, y los sentimientos más íntimos me los guardo para mí por ahora. Solo pretendía compartir con todos ustedes lo que yo sentí ayer: que todos y cada uno de los minutos de nuestra vida se merecen ser vividos intensamente, para bien o para mal, y guardados en una mochila, de la que solo ellos sabrán cuando, como y por qué tienen que salir para volver a ser dignos de ser recordados.
Grande el Santaella, más conocido como Flamenco entre los de la Ilusión. Siempre grande er tío.
Espero que ahora que eres "PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD" nos sigas saludando a los amigos por la calle. Una plaquita si que cabe que te de la hermandad ¿no?.
Hay veces que una canción resume el estado de ánimo que tenemos en un momento determinado. Esas canciones que nos marcan y con las que nos identificamos. La magia de esas canciones es que suelen estar olvidadas en un viejo cd en el cajón que hay bajo el asiento del coche, y de pronto, sin quererlo y sin buscarlo, el cd se te pega a los dedos sin tú quererlo, lo introduces en el lector preguntándote "¿que tendra esto?, ¡maldita mi mala costumbre de no etiquetar los cd's!"... y entonces aparece. Uno no busca la canción, pero la verdadera magia es que la canción te busca a tí.
Carlos Goñi, sus letras y sus melodías, me han perseguido siempre, y en su música he encontrado muchas veces el reflejo de mis estados de ánimo. Siempre me llegó este buen hombre.
Aquí os dejo la letra y la música de la canción que en un largo viaje en solitario, buscó ella sola, casi por accidente, sonar y explicar mi estado de ánimo.
Si no hubiera que correr
Si el camino fuera suave y si el cielo más azul, miraría el horizonte siempre como miras tú. Si pudiera ir más despacio, sin tropiezos ni traspiés, si el camino fuera suave, si no hubiera que correr. Y aunque fuera necesario, no quisiera echar la hiel si el camino fuera suave, si no hubiera que correr, que correr
Pero es duro, es salvaje, y no tiene compasión. Te disparan por la espalda, aquí no existe el honor. He visto caer a gente sin poder mover un pie. Tambien vi como los fuertes no apostaban por su piel, Y aunque fuera necesario, no quisiera echar la hiel si el camino fuera suave, si no hubiera que correr, que correr.
Ya estoy en ninguna parte, ya no puedo regresar. Son ya muchos treinta años para poner marcha atrás. He gastado en esta histeria mi energia, mi ilusión, masticando con firmeza que quizá, lo que importa no es jugar, sino ganar Y aunque fuera necesario, no quisiera echar la hiel si el camino fuera suave, si no hubiera que correr, que correr.
El aliento del destino quizás sople sobre mí. Rogaré a Dios que me indique qué sendero he de seguir, porque seguiré adelante aunque tenga que volar. Quizás venda hasta mi alma sólo por poder llegar. Y aunque fuera necesario, no quisiera echar la hiel si el camino fuera suave, si no hubiera que correr, que correr
No tiene otro calificativo. Yo que soy de los que escucho la radio mientras me afeito, a veces me despierto con estas cosas y no tengo más remedio que sentir verguenza de ser hombre.
Aunque con algo de retraso, aquí está el testimonio gráfico del II Leonazo Cofrade.
Explico para los despistados: en los calores calurosos de Agosto, un grupo formado por los pocos pringados cofrades que nos quedamos en Granada en el "mes de cierre total" empezamos a quedar uno con otro, el otro llama a uno, el uno llama a dos... y nos vemos en el Bar León una calurosa noche.
Como el encuentro, además de improvisado, resultó ser bastante concurrido, pasa sobre la marcha a denominarse I Leonazo Cofrade.
Ante los requerimientos insistentes de uno de los compromisarios del I Leonazo, cuyo nombre no quiero reproducir, y que se llama Migue Alcalá, se convoca en septiembre el II Leonazo Cofrade, y para que tenga todos los ingredientes, se nombra pregonero, presentadora y toda la parafernalia. Por tener, tuvimos hasta grupo y cartelito anunciador en el Feisbuk.
Así pues, paso sin más preámbulo a narrar lo acontecido.
Prolegómenos del encuentro
Más prolegómenos, regados con zumos de cebada y sabrosos flamenquines
Estuvieron todos y todas los las que tenían que estar. Las chicas cofrades:
Los Maravillosos-Rescatados:
Los futboleros...
Gente de distintos orígenes y/o hermandades...
Tuvimos todos los detalles. Aquí la entrega de las tapas al pregonero...
La presentación oficiosa de los anfitriones
La presentación oficial, a cargo de "la jefa"
Ummmm... cuando sepan que no llevo ná preparado... ¿y ahora que digo yo?
Como en todos los pregones, los anfitriones hacen entrega al pregonero de un recuerdo conmemorativo.
Lo que ya no es tan normal es que el pregonero se jale el recuerdo conmemorativo...
A partir de este momento, las fotos quedan relegadas al cajón de la censura.
Lux Albae, en palabras de su compositor Jesús Alonso Cuesta es una historia de amor hacia el palio repostero de San Pedro cuando se recorta a contraluz en su salida a la calle.
Precisamente por eso, porque es una historia de amor, Lux Albae es la banda sonora de días como estos, en los que uno se siente protegido bajo el amparo del amor de sus hermanas de sangre (al fin y al cabo soy el enano de la familia). Bajo el amor de los que te quieren y te respetan que en mi caso, me he dado cuenta que eran más de los que yo pensaba. Bajo el amor de "mis niñas", que aún estando en la costa estos días me llaman varias veces a lo largo del día porque saben que oir sus voces me reconforta y me colma de paz. Bajo el amor de un DVD, de un azulejo, de un collage y un monopoly que son mucho más que plástico, barro, fotografías o nombres de calles y monedas.
Si algo se saca de bueno de estos reveses cofrades, es que siempre le queda a uno una historia de amor por vivir y lo mejor de todo, saber que esa historia ni se compra ni se vende.
En un día gris para mí, no viene mal un poquito de sabiduría que nos ponga a todos en nuestro sitio. Por parte, si algún día lo he perdido (el sitio) lo siento mucho de veras, porque siempre he procurado aplicarme a fuego la idea de humildad, hermandad y honradez.
La intervención es larga, pero lo que hay entre el minuto 40 y el 50 no tiene desperdicio. Tomen todos buena nota.